La montaña en invierno se transforma. La nieve cubre laderas, sendas y pistas. Y el paisaje conocido y reconocido en otras épocas del año se convierte en un espacio nuevo por explorar y descubrir.

La fisionomía de la montaña cambia, como cambia también la forma de transitar por esta montaña invernal.

Hielo y nieve nos ofrecen un espectacular paisaje, pero también nos enfrentan a un entorno más duro y peligroso.

Aprovechando las últimas nevadas de enero, nos hemos calzado las botas y los crampones (la seguridad es importante siempre en la montaña) para ascender al techo de la Sierra de Guadarrama (o quizás habría que decir al cielo).

Desde muy temprano, bajo un sol radiante pero con una temperatura heladora (-7 grados en la cima) hemos subido hasta la cumbre de Peñalara.

Y lo hicimos por una de las rutas más clásicas de ascensión a esta cumbre: desde el Puerto de Cotos, siguiendo la pista hasta el Mirador de la Gitana, continuando la ascensión por las zetas hasta Dos Hermanas y desde ese punto, abordar el último tramo de la ascensión a la cumbre.

El espectáculo visual recompensaba el esfuerzo.