“Pedriza” se refiere a una zona pedregosa. Dicha palabra proviene del término “piedra”, que deriva del latín petra. Y es que adentrarse en La Pedriza es hacerlo en el “reino mineral” por excelencia. Porque estamos ante uno de los espacios geológicos, naturales y paisajísticos más destacados del Parque Nacional del Guadarrama.

A los pies de “La Cuerda Larga” emerge un berrocal único de formaciones rocosas singulares (riscos, paredes y canchales) entre los que se descuelgan arroyos, se elevan bosques de pinos y crecen matorrales de jaras y espinos.

En siglos pasados La Pedriza fue el escondite ideal para las partidas de bandoleros que poblaban la Sierra y cuyas andanzas dieron nombre después a algunos de sus riscos y los espacios.

Así que desde muy temprano nos hemos calzado las botas y echado la mochila a la espalda para adentrarnos por el laberinto de sendas que recorren este “capricho ecológico” en compañía de algunos compañeros del Club “Sendas y Montañas” para realizar una ruta circular de 15 km.

Desde muy temprano iniciamos nuestro recorrido en el aparcamiento de Cantocochino, remontado el Arroyo de la Ventana hasta el Refugio Giner. Tras una parada en el refugio, continuamos nuestro camino por la senda que nos conduce al Tolmo siguiendo la vertiente del arroyo de la Dehesilla.

En este punto, nos orientamos hacia el norte por el bosque de pinos buscando el viejo camino de las Buitreras y desembocar en el Cancho Amarillo. Desde aquí, y tras algún paso de escalada sencilla para superar las zonas más escarpadas, llegamos a la Pradera de los Navajuelos y el Mogote de Los Suicidas, uno de los riscos más espectaculares y recónditos de este entorno. Seguimos subiendo hasta el Risco de Los Buitres (el punto más elevado de esta ruta a 1.800 m. de altitud y muy cerca del Collado de la Ventana), donde disfrutamos de unas vistas espectaculares de las zonas altas de La Pedriza y de la Cuerda Larga.

A partir de ese punto iniciamos el descenso por una senda rocosa y empinada por el Cancho de la Herrada y la Pared de Santillana hasta el Collado de la Dehesilla… punto que elegimos para descansar y recobrar fuerzas.

Tras la parada, seguimos nuestra ruta hacia el sureste para ascender hasta el Collado del Acebo, Las Cuatro Donas, La Almena, en la vertiente sur de la Pedriza. Siguiendo la senda continuamos hasta la Pradera del Yelmo, donde nos topamos con un espectacular rebaño de cabras montesas. Tras disfrutar de sus saltos y equilibrios entre los riscos, continuamos descendiendo hasta la Gran Cañada y el Collado de Coronas para retornar a Cantocochino.

¡Gran día de montaña!

 

PD: Gracias C.D.Carlus por alguna de las fotografías que ilustran esta entrada.